No había sido la mejor semana, entre las aterradoras noticias que nos invadieron, las torrenciales lluvias que lejos de ser pasajeras y atípicas en una época del año de la que ya se esperan tardes soleadas, el llamado a la oficina para recibir un comunicado poco halagador y que el día continuaría con una sesión de trabajo impostergable, donde el desgaste ya había mancillado toda buena iniciativa de emprender algo.
El momento no podía ser menos lúgubre y la inminente sensación de depresión se asomaba con firmeza; fue de la valentía y asertividad que salió a relucir como esos mensajes que todos necesitamos y que es fácil encontrarlos en un refugio donde el arte está presente en cada rincón, la melodía de una tonada toma sentido y donde la amabilidad es la bienvenida a ese lugar acogedor.
Un copa de Chianti, apenas para el maridaje de unos platos hechos con gran esmero por parte del chef Pablo Arias, otro destacado cocinero que dirige los fogones de un Bacchus del que siempre la expectativa está a los más alto en cuanto a niveles de exigencia por sus comensales conocedores y experimentados.
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Una focaccia al romero es el arranque de este almuerzo reparador y que confirma la gran tradición italiana de que se cocina siempre con profundo esmero.
Mozzarella in Carrozza, un plato típico del sur italiano, hoy en día presente en todo el territorio y en la mayoría de los restaurantes de esta cultura; una textura firme en el exterior y que al cortarse se obtiene la suavidad y frescura de la Mozzarella di Búfala, con una pasta de tomate y albahaca que hace al comensal olvidarse de los asuntos mundanos y disfrutar de algo tan sabroso que merece aplaudir al chef.
Ensalada de Hongos, otra de las opciones de entrada en el menú de almuerzo, también disponible en el servicio nocturno. Arúgula y Parmesano, Hongos, Limón y Aceite de Oliva.
Cappelletti Relleno de Queso de Cabra, con una salsa de pomodoro y perejil, más el aceite de oliva que nunca puede faltar
Pollo Grillado a la Siciliana, una pechuga de pollo cuidadosamente colocada en dos partes iguales sobre un cama de polenta cremosa con alcaparras y aceitunas.
La polenta es de esos manjares que solamente las abuelas y los cocineros expertos saben lograrla, y que tiene que estar recién hecha para sentir esa suavidad que la distingue como un legado aún vigente del mítico Imperio Romano.
Servido con caramelos hechos a punta de azúcar y calor intenso, contrasta la textura crujiente con la suavidad donde se dejan sentir las almendras y el chocolate siempre protagonista en un postre.

Pana Cotta de Vainilla
Otro de esos postres que la cultura italiana ha aportado a este mundo y que siempre encontramos una creatividad sorprendente en cuanto a algo tan sencillo como calentar una crema dulce con vainilla y azúcar para luego gelificarla; frutos rojos que contrastan el sabor y el efecto visual de un postre sencillo y elegante a la vez.
Como era de esperarse, un par de horas después de una mala noticia, todo se hace más llevadero porque no hay nada más recuperador que el tiempo y un buen almuerzo para continuar en el trajín de día.
De tener que encontrarse las virtudes de Bacchus serían bastantes, desde el esmero con que los siete saloneros atienden a las veinticuatro mesas y su brigada de cocineros cumplen a cabalidad las directrices de Sebastian La Rocca, también admirable el esfuerzo en impulsar el arte local siendo el restaurante una galería de arte simultáneamente en una edificación centenaria y declarada patromonio cultural.
Como dicen, nada es tan grave que una buena comida o un buen abrazo que lo logran apaciguar y animar en seguir adelante.







