Como bien lo comprendemos, no existe un cocinero sin historias fascinantes y llenas de inspiración que nos conduce a un recuerdo, muchas veces imborrable en el tiempo.
Una cocina contemporánea y cosmopolita que resguarda los sabores mejor logrados por su padre hace medio siglo y que Orvieto Morales los ha revivido de una manera admirable, dando muestra de su gran talento creativo como también de su trayectoria en importantes y conocidos hoteles de Costa Rica.
En pocos meses de haber abierto, ya ha sido merecedor de numerosas notas en la prensa, también de una clientela que se ha ganado el respeto y su habitual asistencia; simultáneamente ha obtenido el respeto de sus proveedores por sus principios de apoyo al productor local.
Una refrescante soda italiana de mandarina marcó el inicio de esta reseña, acompañada de un alioli de albahaca, exquisita preparación casera con ingredientes de alta gama.
Un cebiche especial de corvina y cranberries con un camote grillado en una infusión de menta y zacate de limón, se convirtió en un manjar propio del mayor anhelo epicúreo.

La ensalada verde con reducción de arándanos y trozos de naranja jugó un papel destacado en cuanto a la transición del cebiche a los otros platos que aguardaban el turno.
Ya para este punto, el restaurante presentaba un lleno total, y el servicio siempre sobresalió por su rapidez, de admirable también la atención del mismo Orvieto en dar la bienvenida a cada nuevo comensal que llegaba y sugería de sus platos especiales; En esos platos tan variados como apetitosos el común denominador siempre fue el calor humano de un gran anfitrión que hacía de cada mesa por atender, una cordial atención que invita a regresar.




Conversar directamente con el creador de este singular restaurante, confirma de que detrás de los fogones siempre hay historias fascinantes, el nombre de La 22 nace de un recuerdo, homenaje y legado de su padre quien en sus negocios de alimentos que tuvo en la década de los sesenta, lo inspirara y fuese el motor de impulso para Orvieto, en recorrer muchos kilómetros a través de escuelas gastronómicas primero, y después desempeñándose en puestos ejecutivos en lugares de prestigio.
No podía faltar el cierre con broche de oro, un pastel de manzana hecho con más cariño que talento, una meticulosa elaboración de las manzanas en un almíbar a fuego lento hasta obtener la consistencia, suficiente de remojar pero sin deshacer la base del postre hecha también con un especial cuidado, de que la pasta sea crujiente pero resistente a la vez. Servido en caliente con una bola de helado de vainilla con lienzos de salsa de frutos rojos.
https://www.facebook.com/la22gastronomia/







Hola Ariel,
Nuevamente lográs captar la atención con tus publicaciones. El 22 será otra visita obligada, pronto voy a tener que llevar un «checklist»!
Le llevo a Orvieto el mensaje de que lo encontré a través de Recorriendo y Saboreando.
Abrazo,
Esteban
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Que gusto me da que hayas disfrutado de la reseña, y pues si… definitivamente tienes que incluirla en chacklist.
Vas a quedar sorprendido de ese restaurante y de fijo te vas a quedar con las ganas de regresar periodicamente.
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