Un nombre más que emblemático, que durante varias décadas se ha mantenido en el país como uno de los principales referentes de la gastronomía española, y también del punto de enlace de la cocina de tradición con las nuevas tendencias culinarias.
La Masía respira ese sentimiento dentro de una decoración de rojos ladrillos que nos recuerdan los aposentos subterráneos de la legendaria Plaza Mayor en el corazón de Madrid.
La Masía de Triquell fué para muchos en este país su primer contacto con la comida típica de España, con esos sabores que los inmigrantes olvidaban su nostalgia y con los que las nuevas generaciones crecieron disfrutando mientras escuchaban las historias de sus ancestros.
Conscientes de ese gran legado por parte de la familia Triquell, los nuevos propietarios del restaurante mantuvieron el nombre de La Masía y emulando de esas vivencias imborrables en el tiempo, el restaurante siempre ofrece un menú extenso y variado, lleno de opciones para cualquier tipo de comensal.
Alejandro Herrero y Fernando Serrano pueden decir con orgullo que le han servido de comer al otrora mejor chef del mundo y cinco veces poseedor de la primera posición del Ranking San Pellegrino, el catalán Ferrán Adrià quien en sus dos veces que ha estado en Costa Rica ha llegado a comer a La Masía. Un privilegio que no muchos han de contar y todavía más, el mantenerse en contacto vía correo electrónico con este ilustre cocinero que ha revolucionado los conceptos de la cocina española.
Luis Alberdi Larrarte dirige la cocina, con una gran visión y destreza, impresionante de sus experiencias de trabajo en Arzak y en Akelarre, dos de los grandes restaurantes de San Sebastián que Luis recuerda con especial agrado y definitivamente se le ve en sus preparaciones esa pasión y talento.
Mención especial también para el salonero Carlos Fernández, un costarricense que vivió once años en España y dotado de un gran carisma,fue el anfitrión en la espectacular cena que tuvimos oportunidad de disfrutar.

La cena en cinco tiempos fue deliciosa de principio a fin, cada uno de los cinco platos degustados tenían elementos en común de que son necesarias muchas horas de cocinar a fuego lento para obtener texturas y sabores únicos.
El Foie Gras se dejaba sentir en su frescura y suavidad que parecía más bien una mantequilla, sabroso y bien balanceado se disfrutaba aún más con las peras caramelizadas que para obtener su textura, se deben cocinar con el cuidado de no excederse en temperatura pero siempre requiriendo unas buenas horas de fuego controlado.

El Rabo de Toro es una carne de singular suavidad, a diferencia de otros cortes, y para la preparación de la salsa fueron necesarios seis litros de vino y seis horas de cocción a fuego medio para poder obtener la textura melosa que proviene del colágeno del hueso. Un sabor entre lo sublime y lo mágico que al mezclarse con las papas recién hechas, daban una combinación de texturas sumamente interesante.

La Tira de Asado era una carta bajo la manga del chef, partiendo del argentinísimo Asado de Tira, le ha evolucionado haciendo una reducción de Vinagre Balsámico durante veinticuatro horas, obteniendo de dicha carne una sensación de extrema suavidad mientras se percibían los ligeros tintes del Balsámico y de cebolla caramelizada. La carne sencillamente espectacular, acompañada de un Pimiento de Piquillo y unas papas al horno dieron al paladar el sentir de algo bien logrado; parecería muy limitada la ración pero cuando tenemos un servicio de cinco o más platos, esa más bien esa medida la indicada.

Abundante y sobresaliente, con un apropiado grano de arroz rico en almidones, cada bocado era un deleite interminable junto con el pollo, la carne, los vegetales y legumbres. Una orden para fácil tres personas con buen diente, y como aguardábamos el postre, hubo que dejar el arroz a medio consumir, de esa manera lo fuimos terminando ese manjar en mi casa los días después. Absolutamente cada grano de arroz lo valía justamente en su precio.
Puedes ver aquí los precios y el menú completo

El quinto plato de la noche, llegó para hacer un cierre espectacular. Acorde con las nuevas tendencias el mezclar dulce con salado en un postre se ha vuelto algo usual, de ese modo es ver común las lonjas de queso manchego con láminas de membrillo. Acompañado de una salsa del mismo membrillo, el Tocino del Cielo con su fuerte sabor dulce esgrimía un final de memorables recuerdos, y por supuesto unas trufas de buen chocolate amargo, son para dejar en jaque mate a cualquiera con este postre y después de haber disfrutado los cuatro platos anteriores. Y el zarpe final de un buen digestivo, hizo el último de los deleites de la noche.
Honestamente de las reseñas más esperadas en llegar a hacerlas, la especial simpatía por Luis Alberdi por su don de gentes y los amplios conocimientos culinarios, hacía de esta sesión de trabajo un gozo de principio a fin.
Puedes hacer clic aquí para llegar a La Masía con Google Maps


Tienen menú gluten free?
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