Para los que relacionamos a Argentina con una vida llena de placeres en donde siempre se superan las expectativas, inmersos en una rutina llena de luces, música y buen comer, que cuenta con unos horarios tan peculiares como el salir a cenar a la una de la mañana o de disfrutar un helado mientras amanece y que la pasión de un día de fútbol paraliza hasta los horarios de un juzgado; todo este sentir de una vida intensa y de interminables tertulias lo pueden encontrar en Tenedor Argentino; con esa misma energía que se transmite con tan solo ver la bandera de colores celestes en medio de un sol siempre reluciente.
Un restaurante con muy importantes aspectos a destacar en cuanto a la calidad, precios justos y la comodidad de un local sumamente bien aprovechado en cada uno de los dos pisos que conforman este relativamente nuevo participante del paisaje capitalino, a los pies de la siempre reluciente joya del Teatro Nacional.

Una variedad de empanadas hechas al día y cuidadosamente acomodadas detrás de una elegante vitrina, marcan los primeros pasos de esta reseña.
Son pocos los restaurantes que se encuentran con ese esmero por cuidar de los detalles estéticos, es agradable de encontrarse los interesantes objetos que quedaron en algún anticuario y que hoy forman parte de la decoración del salón junto con espectaculares fotografías de la ciudad de Rosario, de donde proviene Jorge Sagal, el artífice y gestor de este restaurante.

En un lugar como el centro de San José, es más que obligado tener de múltiples opciones para el cliente, ya sea un transeúnte en busca de una empanada, un oficinista en el plan del almuerzo ejecutivo o bien el disfrutar de una deliciosa parrillada en una tarde de domingo antes de ir a una función de teatro.


Ante las dudas acerca del parqueo, es importante recordar que durante la semana se tienen las opciones de parqueos a una distancia de dos cuadras, como se indica en los puntos rojos del mapa.
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Durante las noches y los fines de semana es permitido estacionarse sobre la orilla de la acera de enfrente, es decir al costado sur del Teatro Nacional
Entrando en el tema de la reseña, es de obligación resaltar la calidad y el amplio surtido de las empanadas, que hacen entre la firme masa y el buen sabor de los rellenos, como también sustanciosos en cantidad, una verdadera inquietud el decidir cuáles de las siete opciones disponibles sería la mejor decisión.

Entre las empanadas Doble Cebolla y Caoresse que se comieron como entrada, de seguido tuvimos una ensalada para continuar con la esperada parrillada mixta.
Papas a la parrilla, tomates asados, unos focaccia con aceite de oliva como guarniciones de unos chorizos y costillas de cerdo (no llegué yo a probarlos, pero mi acompañante los devoró en un abrir y cerrar de ojos), además del cerdo, habían dos cortes de Vacío y dos cortes de Entrecot, dichos cortes fueron de una suavidad dichas carnes, que la reacción de asombro no se hizo esperar.
La parrillada fue de especial gusto saborearla ya con el mismo Jorge que se sentó con nosotros a compartirla, teniendo la oportunidad de conversar con el acerca de su percepción, es alguien realmente apasionado por la gastronomía y con el fino sentido de humor negro que caracteriza a los argentinos, no podíamos esperar menos de el, realmente un excelente anfitrión y uno de los que en buen tico decimos que siempre está al pie del cañón.



De importante mención el salonero Alvaro Herrera quien nos atendió, con un especial trato y una gran disposición en explicar cada uno de los platos del menú, como también es dueño de una gran paciencia, puesta a prueba en el momento de escoger entre las opciones de empanadas como también de las distintas variedades de la parrillada.
Terminada la reseña, una reflexión más que obligada, de que para una persona imperfecta como este servidor, la experiencia de haber tenido un almuerzo de esta categoría, hace de este momento perfecto, algo imborrable en el tiempo.
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