Los oficios de los cocineros en el Siglo XVII fue algo de lo que la historia se encargó de atestiguarlo como un gran legado, por todo el esfuerzo que llegaron a dar.
Eran de ser seleccionados los más diestros para satisfacer los encantos de los reyes y emperadores, de los duques y los condes, trabajando en grandes palacios pero con rudimentarias herramientas, era muy escasa la preparación profesional de los equipos de trabajo y los insumos no eran siempre abundantes debido las guerras y conquistas que se daban entre los reinos.

François Vatel fue de esos cocineros que marcaron una huella y su corta vida fue tan fascinante como también creativa, a la razón de ser un cocinero líder en servicio de los faraónicos banquetes que a menudo celebraban y que bajo su mando se crearon muchos procedimientos en las cocinas que aún hoy prevalecen.
El tiempo indudablemente ha cambiado, los patrones de consumo y la gastronomía han evolucionado en el ampliarse a todos los segmentos existentes de un mercado de consumidores en donde los gustos varían de una población a otra, y de una generación a otra; lo que fuese en sus inicios una actividad destinada al deleite de los reyes, con el paso de los tiempos ha trascendido en ser accesible para la mayoría de la población y una eficaz lucha contra el hambre y la desnutrición
François Vatel fue un joven cocinero en los tiempos de Luis XIV y vivió una particular historia que tuvo un exilio en Inglaterra, su vida terminó en un suicidio a la edad de cuarenta años y su historia fue llevada al cine y protagonizada por Gerard Depardieu y Uma Thurman.
Al final del arboleado bulevar de Rohrmoser, a mano izquierda se encuentra el Restaurante Vatel, un nombre emblemático como ya hemos visto en el preámbulo de esta reseña.
Un lugar que cumple las expectativas de encontrar con una propuesta gastronómica inspirada en los conceptos franceses, con sus preparaciones a cargo de un joven cocinero Víctor Daniel Aguilar, formado en las cocinas del Hotel Intercontinental y del siempre referente Jürgens, el menú fue diseñado por Jacques Nicaise, un cocinero admirado y reconocido por su gran talento como también por sus amplios conocimientos.





Gravlax de Salmón El Gravlax es un imperdible de la alta cocina,una técnica de marinado con especies y eneldo, envuelto en pieles con vodka y jugo de limón y se les da un tiempo de 48 horas para dejar sentir su sabor junto con una ensalada bien escogida. Sabrosa entrada y con un shot de vodka, hace el arranque idóneo.
Terrina de conejo bastante suculenta, por lo que este plato marca la pauta de los sabores y texturas bien logradas. Acompañada de una salsa de Mostaza Dijon que siempre satisface.
Sopa de Cebolla con Queso Emmental Pocos platos franceses llega a estar buscándose como lo es este manjar; unas cebollas cocinadas a fuego lento, un caldo que remoja el pan integral y sobretodo el Queso Emmental que termina siendo el protagonista.
Lomito Richelieu con Champiñones y Trufa al Oporto. Monumental y de grandes atributos, una salsa hecha a partir de un buen caldo más las notas de trufas y Oporto que bañaban la carne tres cuadros cocimiento. Siempre le acompañan unos vegetales. Para repetir ese plato una y otra vez.
Rack de Cordero Carne súper suave que con su salsa bien podría revivir al cocinero Vatel y disuadirlo de que no se quite la vida. Una presentación de las costillas en forma de media luna digna de reconocer el talento de que tienen.
Crepe de Banano y Arándanos Unas bolas de helado de vainilla acompañaban ese postre que prometía y que cumplió las expectativas. Siempre es un buen final cuando de un buen postre se trata y aquí también lo fue.
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