Medellín está catalogada como de las ciudades más bellas de América, es un importante centro industrial y bancario, se le observa como la segunda ciudad de Colombia y también es la cuna de artistas que le han dado mucho orgullo a Latinoamérica como lo son Juanes y Fernando Botero.
De forma recurrente es de encontrar a los «paisas» con su peculiar acento y su espíritu emprendedor, creativo, de afectuosos saludos y verbo alegre.
En un día normal como los que suelen ser de visitas a clientes con horarios definidos y que requieren de tiempos entre una cita y la otra, fue de buscar en que aprovechar más de una hora que tenía en espera para reunirme con el segundo cliente y que aun no eran siquiera las diez de la mañana; la respuesta fue muy sencilla, tenía el carro ya bastante sucio y al encontrarme de frente con un lavacar, no hubo que pensarlo mucho para entrar y convenir el servicio de lavado de mi carro, que por cierto fue excelente dicho servicio.
Con la premura de responder los correos pendientes aproveche entonces de pedir un café a Pipe, el atento paisa que estaba detrás del mostrador debidamente vestido con su mandil, y que con su alegre semblante dejaba ver su pasión por lo que hace. No pude aguantar las ganas de pedirme una empanada de Pollo y Papa por la suma de quinientos colones para acompañar mi invariable café negro que suelo tomarme en las primeras horas de cada día.
No recordaba yo en más de veinte años desde los viajes que hacia a Colombia para visitar a mis abuelos, el haber disfrutado de unas empanadas de esa calidad, esa frescura de los ingredientes y ese brillo que desde el exhibidor hiciera que el antojo no se detuviera y pidiera una segunda empanada, esta vez de carne y arroz; acompañándose de una sabrosa chilera me di el gusto del día en un lugar tan sencillo como el sentarme en unos bancos esperando que me regresaran el carro lavado, tuve la oportunidad de escucharle a Pipe de sus historias en esa soda que deja ver el orden, limpieza y equipos tan bien mantenidos con los que trabaja.
Me sentía yo con esa sensación de haber llenado esa saciedad, que salen a veces más por un motivo emocional que da el impulso de comer algo a una hora que no se tiene mayor hambre, pero que no se puede perder la oportunidad de saborear.
Su inconfundible acento me hizo reír y escuchar de como sus clientes ataviados con corbata, se enloquecen por esas empanadas llevándose por docenas a sus compañeros de oficina y luego regresar al final de la misma jornada antes de las cinco para llevarse unas cuantas más para sus casas.
No lo dudo, porque estaban tan espectaculares y únicas como solo los expertos saben hacerlas.
Otro de esos sabrosos lugares que se encuentran en San José, donde hemos recibido de este esforzado inmigrante colombiano esos manjares que están al alcance de cualquiera y con una calidad propia del mejor restaurante, con esmeros tan especiales que hicieron de mi estadía en el lugar un tiempo mágico, que lamentablemente llegó a su final y me tocaba seguir trabajando, pero el sabor de esas empanadas que antes de las diez de la mañana las llegue a comer, todavía después de catorce horas y pasada la medianoche que estoy escribiendo todavía las ando saboreando.
Saludos Ariel se me hizo la boca agua con las empanaditas colombianas gracias
Me gustaLe gusta a 1 persona